Juan Castillo. El mito del espejo, fragmentos de psicostasis.

(Texto de aproximación a la obra y sobre un tema complejo y rico, con muchas otras posibilidades de análisis e interpretación. Por Marcela Furlani, artista visual.)

Juan Castillo es un artista inquieto. Si bien la pintura ha sido el lenguaje a través del cual ha desplegado parte importante de su obra, considero que en buena medida el dibujo es el medio donde ha engendrado muchas de sus fantasías e indagaciones plásticas. “EL MITO DEL ESPEJO, fragmentos de psicostasis”, es una exposición y a su vez un recorte sobre un proyecto de mayor desarrollo, donde el artista investiga a partir de la historia y desde la obra. El dibujo, la línea, sus recorridos conceptuales y formales serán parte de los resultados.

Escribe el autor: La obra versiona un libro egipcio de los muertos, surge de un proceso de investigación, apropiación, y vectorización de imágenes. Propone reflexionar sobre el arte fantástico y sus raíces mitológicas, en nuestra era de ruptura propiciadora de un contexto para la fantasía. Los dibujos vectoriales funcionan como signos de un lenguaje digital, son fragmentados y se repiten en diferentes conjugaciones, del mismo modo en el que las imágenes egipcias mutaron hacia la escritura jeroglífica.

El papiro consultado por Castillo es conocido como “Libro para la salida al día”. El texto consiste en una serie de sortilegios mágicos destinados a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris. No existía un único y canónico Libro de los muertos.

El artista hace foco en el término griego psicostasis, pesaje del alma. Psicostasis designa el tipo de mito en varias culturas de la antigüedad y el medioevo. Refiere una suerte de juicio en el que luego de la muerte, las conductas morales en vida del difunto son juzgadas ante un Dios. El elemento icónico de este mito es la balanza, y es posible encontrarla en representaciones egipcias, griegas y cristianas; las semejanzas entre el relato cristiano y el de la mitología egipcia es notoria, mientras que la cultura griega maneja un concepto del tema más referido al destino.

En estos relatos mitológicos suele presentarse una figura de valor universal que no es una deidad, nos referimos al elemento que acompaña a las almas a su destino fenal, al lugar donde morarán después de haber vivido en este mundo. En ese oficio vamos a encontrar personalidades a veces amadas y otras temidas. Por ejemplo ángeles y demonios en la religión católica.

Castillo analiza la figura de Ammyt la "devoradora de los muertos" o "devoradora de corazones”, tomada del juicio de Osiris o juicio final egipcio, y nos dice:

Ammyt, en la mitología egipcia solo devoraba el corazón si el alma del difunto era culpable, si no lo era, su recompensa consistía en la vida eterna. Para que el difunto pudiera ser considerado “Justo de voz”, el corazón y la pluma debían ser igual de ligeros. Si el corazón pesaba más que la pluma era considerado impuro, Ammyt lo devoraba y a la persona juzgada no se le concedía entrar en el Aaru, perdiendo su condición de inmortal, pereciendo definitivamente... Era representada como un ser con cabeza de cocodrilo, la parte delantera de león y la trasera de hipopótamo. Se situaba bajo la balanza en el Juicio de Osiris, celebrado en el inframundo. Tot (cabeza de ibis) comparaba el peso del corazón del difunto, símbolo de los actos pasados terrenales, la conciencia y moralidad, contra la pluma que representaba la Maat, la Verdad, Justicia y Armonía Universal.

Todos estos términos y breves descripciones sobre el mito, sus protagonistas y el rito, como así sobre el sentido general de los mismos resultarán esclarecedores al acercarnos a las motivaciones del artista y sus trabajos.

Si nos concentramos en las obras expuestas, en ellas Juan Castillo toma referencias concretas y cita seres y deidades, tanto para la construcción de los personajes como sobre aquello que simbolizaron. En este caso, considera fundamental el poder vislumbrar estos significados para así establecer una suerte de complicidad con el espectador-lector. Se apropia de los mismos y desovilla cuestiones de la historia del comportamiento humano y de la historia del arte. Entonces, según su actitud sensible e introspectiva, a través del dibujo lineal y de una de las tantas posibilidades que ofrece la tecnología digital, hilvana los fragmentos (mediados y manuales), los desmenuza y reagrupa. De ese modo reconstruye una nueva visión crítica y acorde a su tiempo y entorno.

Cualquier parecido con la realidad… condición humana…. Necesidad y práctica de diversos estados de conciencia, moralidad, verdad, justicia, armonía universal, protección…. Es posible que no sea casual…

Juan Castillo a través de algunos fragmentos de su mito del espejo realiza una genuina puesta en alerta desde el arte sobre nuestras acciones, reflejos complejos hoy. Oportunidad y creación con fundamento, a través de la gráfica importancia que implica revisar la historia.

Marcela Furlani, Enero 2017